El espacio neutral como elemento facilitador para el cambio

Hay mucho que decir acerca de las claves de éxito para que un proceso de capacitación sea efectivo y tenga consecuencias que derriben el diluir de los resultados en el transcurso del tiempo post-curso. Varias de esas claves sse centran en los contenidos, en la pedagogía empleada por el facilitador o coach, o en la fluida participación en los que se están fromando. Independientemente del tema esos factores son claves pero hoy hablaremos de uno de las claves más discretas, que en ocasiones puede hacer la diferencia: el espacio físico de la capacitación.

¡Todos fuera de la empresa! Si una clave es importante con respecto al ambiente físico para lograr un adecuado resultado formativo es sacar a la gente de su organización y su ambiente habitual facilitándole un terreno neutral. En varias ocasiones hemos visto que las acciones formativas para miembros de una organización, por acertadas que sean, se pueden ver mermadas cuando la acción se desarrolla en sus instalaciones. En las inmediaciones de una empresa se dan constantes interrupciones, ausencias súbitas de parte de algunos participantes, intervenciones de colegas de trabajo en la sala de capacitación para dar avisos, y de fondo un espacio “cómodo” en el sentido peyorativo y otras situaciones que sirven de distracción y llegan a bloquear una mejor disposición al cambio y la novedad.

Así que en la medida en la que todos los participantes se alejen de su ambiente habitual, en una sala diferente, que permita distanciarse de la rutina y las necesidades que no se detienen se favorece que la formación esté empapando literalmente, más y mejor a quien se está capacitando en determinado tema, sea el que fuera.

Esta situación no resuelve toda posibilidad de desconexión del trabajo y los pendientes pues estamos conectados por medio de los teléfonos celulares o la consulta eventual del correo electrónico, y más aún con la mente misma que trabaja incansablemente en seguir dándole vuelta a asuntos de trabajo, los llamados “pendientes”, pero como decimos sí la favorece, y con una buena conducción de parte de quien esté facilitando el curso o taller es posible caer en conciencia y dedicarse a los contenidos de lleno del curso en cuestión.

Valga recalcar que ante el viejo mito de que en un curso se puede llegar uno a desconectar (y por lo mismo se puede etiquetar como pérdida de tiempo) lo importante será entonces sí una metodología que permita abordar necesidades reales en torno a situaciones de trabajo, conflictos y retos, pero abriéndose a estudiar, analizar y reflexionar sobre maneras innovadoras de sacar adelante los mismos pendientes pero de manera más a fondo -que es como se trabaja desde la metodología de coaching- encontrando nuevas alternativas para resolver problemas.